En cualquier escuelita rural de caña de bambú, perdida en alguna de las preciosas colinas de la costa ecuatoriana, sin luz ni ordenadores, con un material didáctico rudimentario a más no poder, se puede contemplar un singular espectáculo: para recibir y agasajar al visitante, tanto el maestro o maestra como cualquiera de los niños se pone en pie, sale a la pizarra y comienza a hablar con la [...]
»